Las enfermeras alertan: mirar un eclipse sin protección puede causar daños visuales irreversibles
La Península Ibérica se prepara para un hito astronómico sin precedentes: tres eclipses en tres años. El 12 de agosto de 2026 tendrá lugar el primero de ellos, siendo un eclipse total que será fácilmente observable. Tres fenómenos que no se repetirán en los próximos siglos. La observación de estos eventos será fascinante, pero la seguridad visual es un factor crítico que preocupa a los expertos, y la diferencia entre un recuerdo insuperable y una lesión irreversible.
Por ello, el Consejo General de Enfermería (CGE), junto a la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica (SEEOF) y el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, han puesto en marcha diferentes materiales para alertar de los riesgos irreversibles de observar un eclipse sin seguir las recomendaciones de seguridad visual con el objetivo de prevenir y educar a la población y así evitar uno de los mayores peligros al observar estos fenómenos: la retinopatía solar, una quemadura fotoquímica indolora que no tiene cura y que viene provocada por la luz visible intensa y la radiación ultravioleta.
“La llegada de estos fenómenos es una oportunidad científica histórica, pero hay que experimentarla desde la responsabilidad. Como enfermeras tenemos la obligación de alertar de los potenciales riesgos para así prevenir daños irreversibles en la salud visual de la población. A través de la evidencia científica informamos de la importancia del buen uso de los medios de prevención y los protocolos a seguir en caso de daño ocular”, explica Florentino Pérez Raya, presidente del CGE.
Principales riesgos
El “hat-trick” cósmico será histórico tanto por su frecuencia, como por su tipología, sin embargo, presenta riesgos que pueden poner en claro peligro a la salud visual de la población. El mayor de ellos es la retinopatía solar, cuyos síntomas “suelen manifestarse horas después o incluso al día siguiente. Los signos de alerta de esta quemadura fotoquímica de la retina incluyen escotoma, que es una mancha oscura o borrosa en el centro de la visión, metamorfopsia, que ocurre cuando se ven líneas rectas onduladas o deformadas, fotofobia o molestia intensa ante la luz normal, visión borrosa y alteración en la percepción de los colores. Es vital entender que no existe un tratamiento específico que repare el daño una vez producido. La prevención es la única cura”, indica Francisco Javier Gabaldón, presidente de la SEEOF.
El riesgo en la observación de un eclipse reside en la falsa creencia de que mirar por un segundo o por pocos minutos no se produce un daño ocular, más aún cuando la luna cubre la luz solar. Nada más lejos de la realidad, “precisamente ahí está el riesgo, ya que no solo la luz dentro del espectro visible puede alcanzar nuestras retinas, sino que todo tipo de radiación solar, incluidas las radiaciones ultravioletas (UV) e infrarrojas (IR) pueden alcanzarnos y dañar la retina de forma permanente”, alerta Gema Crespo, enfermera de Oftalmología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
Otros riesgos son la lesión fotoquímica de la retina, la pérdida parcial o irreversible de la visión, distorsión de las imágenes, disminución permanente de la agudeza visual, daño permanente en segundos o sensibilidad a la luz. “Insistimos, los daños pueden ocurrir con exposiciones muy cortas. La gravedad dependerá de la duración de la exposición y la intensidad de la radiación en el momento de la observación”, apunta Crespo.






